Maria Mestre y Marta Jofra (ENT)

Marzo 2016

Cuando hablamos de ir abandonando progresivamente el concepto «residuo» para hablar de «recurso» y de la importancia de cerrar el ciclo de producción-consumo-reciclaje, qué recursos te vienen a la cabeza? Quizás los envases, que generamos en grandes cantidades y ocupan un volumen importante de la basura doméstica; o los metales, que cuestan tanto de extraer. La fracción más importante en peso dentro de los residuos municipales, sin embargo, es la orgánica. En Cataluña representa casi un 40% de los residuos municipales, y un 24% del total de residuos generados.

A menudo no le damos importancia. Pero aparte de ser la fracción más pesada, es la que se reduce y recicla más fácilmente, la que nos permite ahorrar más dinero en la gestión, y la que permite lograr más rápidamente los objetivos de reciclado que establece la normativa.

A fecha de hoy, todavía hay quien cuestiona la conveniencia de recoger la fracción orgánica selectivamente: muchas comunidades autónomas españolas no han establecido la obligatoriedad de hacerlo, ni tampoco el PEMAR (Plan Estatal Marco de Gestión de Residuos).

La normativa europea, hasta ahora, no ha abordado esta cuestión con firmeza, por lo que algunos estados (entre ellos el español) habían apostado fuertemente por la recogida no separada y el tratamiento en plantas mecánico-biológicas.
Recientemente, sin embargo, y después de un largo periodo de trabajo y de presiones, la Comisión Europea ha presentado un reglamento sobre abonos orgánicos obtenidos de los residuos, dentro del paquete de medidas relacionadas con la economía circular.

Esta normativa crea un mercado único de fertilizantes obtenidos de los residuos, y los equipara a los fertilizantes inorgánicos. Establece requisitos de calidad para los abonos, por lo que no se podrán comercializar si sobrepasan una cierta concentración de contaminantes.

Esto dará, a buen seguro, un gran impulso a la recogida selectiva de la fracción orgánica, y de rebote a los modelos de recogida que consiguen mejores resultados tanto en lo que respecta a la cantidad como a la calidad de los residuos recogidos. Es decir, los modelos como la recogida puerta a puerta o la recogida en contenedores con llave (modelo implantado sobre todo en Euskadi). Hay que tener presente que a partir de un cierto nivel de impropios la calidad del abono cae en picado, por lo que no se podrá comercializar. Con este marco, ya no se tratará sólo de asegurar la estabilización de la materia orgánica, sino de ir más allá y buscar la calidad del producto resultante, asegurando su utilidad real como recurso.

En Cataluña, donde la obligatoriedad de recogida separada de la fracción orgánica es ya una realidad, es evidente que habrá que dirigir el foco sobre los modelos de recogida. Aunque hay que respetar la autonomía municipal/local, la planificación de la gestión de residuos a nivel autonómico no puede ser neutral ante los diferentes modelos existentes de recogida cuando sus resultados son claramente diferentes (en cantidad y calidad), y por tanto , también lo es su contribución al logro, el conjunto de Cataluña, de los nuevos requerimientos del reglamento sobre abonos orgánicos. Con actuaciones de apoyo y generalización de los modelos de recogida más eficientes, singularmente el modelo de recogida puerta a puerta, hacemos posible el cambio de «residuos» a «recurso», hacemos que la orgánica sea la clave de la excelencia.