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Innovación ambiental al servicio de la sociedad
Pre-campañas electorales
| Noticias| 02/02/2015

MartaMarta Jofra Sora. ENT Medio Ambiente y Gestión

A cuatro meses de las elecciones municipales y a dos meses del inicio oficial de las campañas electorales, los partidos comienzan a dibujar sus estrategias y programas. Es un buen momento para pensar qué importancia queremos darle a la fiscalidad ambiental.

La cuestión de las tasas y los impuestos es un caballo de batalla de los partidos, pero a menudo lo único que escuchamos al respecto es: “si ganamos, bajaremos los impuestos”. Esto da votos, ciertamente. Pero quizás habría que empezar a pensar de otro modo:

- ¿Cómo podemos hacer los impuestos y las tasas municipales más justos, de manera que los ciudadanos paguen de acuerdo con sus posibilidades, y de acuerdo con el uso real que hacen de los servicios?
- ¿Pueden los impuestos locales contribuir a aumentar las maltrechas arcas municipales y aumentar los recursos para destinarlos a gastos sociales o ambientales?
- ¿Podemos diseñar los impuestos y tasas de modo que incentiven un cambio de hábitos hacia conductas más sostenibles?
- ¿Cómo podemos ajustar el coste de los servicios municipales para que los ciudadanos paguen una tasa más justa?
- ¿Cómo podemos hacer las tasas municipales más transparentes, de modo que el ciudadano sepa qué está pagando?

Dentro de los gastos municipales, el servicio de gestión de residuos y limpieza viaria representa una parte importante del pastel. Y ciertamente la tasa de basura es una tasa de la que muchos ciudadanos se quejan. En un estudio que hicimos por encargo de la Agencia de Residuos de Catalunya en 2011 constatamos que la mayoría de municipios catalanes tienen tasas de basura fijas (donde todos los domicilios pagan lo mismo), y que hay una gran disparidad entre los ayuntamientos, siendo la tasa media en Cataluña de unos 74 euros por vivienda. Aunque es un importe inferior al de otros suministros del hogar, como el agua o la luz, para muchas familias es un importe difícil de pagar. Y tampoco lo ven como un gasto necesario. Otros ciudadanos se quejan porque hacen el esfuerzo de reducir y separar los residuos y pagan lo mismo que aquellos que no hacen ningún esfuerzo. Lo que nos hace pensar que hay que introducir más criterios sociales y ambientales en la tasa y hacer más pedagogía sobre el servicio de recogida de basura. Explicar qué hacemos con los residuos, qué nos cuesta y como nuestra colaboración o no colaboración puede influir en estos costes y, al final, en lo que pagamos al cabo del año.

Hay mucho trabajo en este ámbito, desde auditar el servicio y ver qué gastos son innecesarias o susceptibles de ser recortados (sin que ello tenga como consecuencia una reducción de la plantilla); analizar la viabilidad de municipalización del servicio; hacer un estudio a fondo de los costes de gestión de residuos y de la cobertura de costes a través de la tasa; replantear la estructura de la tasa para introducir algún tipo de incentivo o repartir mejor las cargas; en el mejor de los casos, plantear la introducción de una tasa de pago por generación de residuos en el que cada usuario pague en función de la cantidad de residuos que genera y de sus hábitos de separación.

Empecemos a pensar en ello. Con un poco de suerte después de las elecciones algo se moverá en las concejalías de hacienda.

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