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Innovación ambiental al servicio de la sociedad
Por un decrecimiento turístico
| Noticias| 30/05/2018

Marc Iriani Bordas | Fundació ENT

 

Minera chilena: –¿Ustedes andan buscando trabajo?

Ernesto Guevara: –No, nosotros no estamos buscando trabajo.

Minera chilena: –¿No? ¿Entonces por qué viajan?

Extracte de “Diarios de motocicleta”

 

Llega la primavera y con ella llegan las lluvias que parece que nos cojan siempre a contrapié. Tenemos también, sin embargo, más horas de luz y llegan los días cálidos que nos invitan a disfrutar de nuestras ramblas y paseos. Tenemos más sol, ese sol que nos da energía que tanto podríamos aprovechar, que tanto nos anima y que a la vez termina siendo, cada vez para más gente, nuestro lastre en este lado de Europa. Y es que con el calor del sol en muchas poblaciones costeras comienza, también, la llegada de los turistas en masa. Llegan los turistas y estos ya no nos sorprenden como la lluvia, porque el turismo ya lo tenemos aquí y va más allá de la masificación en las playas en verano, ya es un fenómeno con el que convivimos los 365 días del año .

Cuando llega el verano recordamos que todo aquello de lo que podemos disponer durante el año, en realidad no es para nosotros. Tenemos acceso a las autopistas, los hospitales, la luz y el agua pero es gracias al turismo, nos dicen. Si pudiéramos ir cada día al golf, deberíamos saber que sería gracias al turismo. En Mallorca, cuando ya parecía que eso era cosa del pasado, vemos cómo crecen las autopistas pero nunca dejan de estar llenas (y ni rastro de una alternativa sostenible de transporte público). También vemos como cada año se realizan cortes de agua y de electricidad a la población local de muchos municipios para abastecer las necesidades de los visitantes, que pueden llegar a multiplicar por cuatro su consumo de agua respecto a los residentes, ya acostumbrados a las “sequías naturales”. En toda la costa mediterránea las propiedades inmobiliarias se concentran cada vez más en manos de entidades financieras que echan a los habitantes de las ciudades para dar paso al turismo. La ciudad se transforma en un gran resorte donde la gente sólo está de paso, como si realmente se pudieran separar las ciudades de los habitantes que las han conformado tal como son (¿ahora ya podemos decir “como eran”?). Por si fuera poco, este mismo modelo se traslada al mar y gigantescos buques-ciudad recorren los puertos y dejan los humos que intoxican aún más los barrios.

La industria turística no escapa a la lógica de la huida hacia adelante, sin ningún mecanismo de autocontención, hinchando aún más la burbuja. Construimos infraestructuras para abastecer la creciente demanda, y hacemos crecer la demanda para sacar el máximo provecho a estas infraestructuras. Asimismo con la misma argumentación, damos pie al discurso de la desestacionalización y del turismo de calidad. Pero el territorio entiende más de intensidad que de calidad y hace más falta reducir que recaudar más dinero con el objetivo de continuar con el negocio. El turismo es la clara imagen de que el paradigma de la desmaterialización del tercer sector es una quimera y de que hace falta urgentemente un decrecimiento sensato.

De esta forma, la pobreza de las personas como resultado de la riqueza de la tierra sigue vigente. Del oro, las gemas, el guano, los cultivos, y ahora del sol, siempre se puede sacar provecho de un nuevo recurso. Año tras año desde la crisis crece el número de turistas que consumen bienes cada vez más escasos en las zonas costeras y depositan sus residuos. Y cada año nos preguntamos, ¿hasta cuándo puede crecer esto? La capacidad de resiliencia, que nos indica la capacidad de los sistemas de adaptarse a los cambios, nos debería servir de advertencia sobre la proximidad de los límites de los impactos sociales y ambientales. Para los cortísimos plazos temporales del capital financiero, sin embargo, todo límite suena a reto a batir. Por suerte, crecen también los movimientos sociales que con motivo de esta crisis ponen sobre la mesa discusiones necesarias, tales como el enorme coste ecológico que el turismo supone y, profundizando más aún, nos invitan a replantearnos el relato dominante del desarrollismo. La ciudad será para quien la habita, como dicen las vecinas de Palma, o irremediablemente dejará de ser tal como la conocemos.

PD: La revista Ecología Política cuenta con este número dedicado expresamente al turismo: http://www.ecologiapolitica.info/?product=ecologia-politica-no-52+